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Realities, Myths & Options: The Impact of -- and Alternatives to -- World Bank
& IMF Economic Policies in the Hemisphere Tuesday, 18 April,
From SAPRIN Secretariat c/o The Development GAP - E-Mail: secretariat@saprin.org
- Web: http://www.saprin.org/ / http://www.developmentgap.org/ |
Jorge Carpio is an economist, sociologist,
labor expert and Executive Director of IDEMI, an NGO that assists small and
medium-sized enterprises in
La Ponencia de Jorge Carpio, Coordinador de SAPRIN/Argentina (FOCO)
al Foro Pzblico de
SAPRIN/Development GAP en Congreso de los EE.UU
sobre las Políticas Econsmicas
abril
de 2000
Muchas gracias por estar con nosotros compartiendo las inquietudes que
traemos sobre lo que pasa en los distintos países de nuestro continente con las
políticas de ajuste que vienen aplicando el Banco Mundial y el Fondo Monetario
en forma común desde hace muchos años.
Escuchar lo que comentaban los compañeros que me precedieron no hace más
que confirmar que ha habido un único recetario de políticas aplicado en forma
común y uniforme en los distintos países.
Como no podía ser de otra manera esa receta ha tenido y tiene efectos
más o menos similares en todos nuestros países que se traducen en la grave
situación social y económica que atraviesa el continente en su conjunto.
Argentina no escapa esta situación, porque las políticas y las medidas
aplicadas han sido la mismas, que las que hemos escuchado para otros
países. Por esa razón los efectos no
podían ser distintos. En ese sentido y
tal como lo ha señalado el Luis Anderson y los compañeros que me han precedido
en el uso de la palabra, esta política tiene ganadores y perdedores y en
nuestro continente los principales perdedores han sido los trabajadores.
Para la Argentina, la aplicación del programa de ajuste significó instalar
al país en camino socialmente regresivo destinado a liquidar todos los avances
logrados después de más de medio siglo de luchas reivindicativas en beneficio
del trabajo y de los sectores populares. En ese sentido, a diferencia de lo
relatado por el compañero que me precedió para el caso de Bolivia -- el cual
definió como un país pobre al cual el programa de ajuste ha empobrecido mucho
más -- en el caso Argentino éramos un país con un determinado nivel de
desarrollo, que nos colocaba entre los principales países de América Latina en
términos de producto bruto interno y de los principales indicadores de
bienestar colectivo, como la salud, la educación, la mortalidad infantil y
otros similares que reflejaban la existencia de una sociedad con alto grado de
integración y homogeneidad social.
Veinte años de aplicación sistemática de políticas de ajuste sucesivas,
han transformado a este país, que estaba en camino al desarrollo, en un país
que encuentra en camino de regreso al subdesarrollo.
Si comparamos algunos indicadores de este fenómeno entre las décadas del
ochenta y del noventa podemos apreciar claramente lo que queremos decir con la
regresividad que señalamos. Para la
década del ochenta la tasa de desempleo se mantuvo en promedio alrededor del
seis por ciento. Para el cierre del
siglo, en 1999, está en más del 15% y con tendencia a mantenerse y subir. En 1980 la pobreza alcanzaba al siete por
ciento de la población; en 1999 los datos oficiales del Ministerio de
Desarrollo Social y Medio Ambiente reconocen a un 37% de la población en
situación de pobreza. Desde el punto de
vista ocupacional, habida cuenta la importancia del empleo en la situación de
pobreza y las condiciones de vida de la población, las estadísticas demuestran
que cerca del 60% de la población económicamente activa tienen problemas
laborales de distinto orden, sea por desocupación abierta, por subempleo, por trabajo informal, o por
participar en el mercado de trabajo en los “empleos basura”, es decir, empleos
precarios, de bajos ingresos y sin ningún tipo de cobertura.
La situación que se ha impuesto a
este país, como efecto del programa de ajuste y que se traduce en los indicadores de pobreza, de
desocupación, de caída de consumo, de caída del ingreso, refleja la nueva
redistribución de la riqueza que alienta este tipo de políticas en perjuicio de
las capas medias y los sectores populares.
Son esos sectores los más directamente afectados en sus derechos y
conquistas sociales. Particularmente las
capas medias eran un elemento diferencial de la estructura social del país en
comparación al resto de América Latina.
En Argentina el proceso de industrialización por sustitución de
importaciones que caracterizó la evolución social y económica del país desde
las primeras décadas del siglo XX favoreció el crecimiento de una clase media
importante, instalada en la industria, el comercio y los servicios que llegó a
representar algo así como el 60% de la población del país. A partir de los ochenta, la aplicación de los
programas de ajuste orientados por el FMI y los bancos multilaterales han
afectado en forma directa a este sector de la población dando origen al
fenómeno de la “nueva pobreza” o de pauperización de las capas medias. Es decir
quienes no eran pobres pasan a incorporarse al universo de los pobres. Con ese fenómeno la pobreza crece y se
diversifica en su composición. Junto a
los pobres históricos o estructurales, es decir los pobres de siempre,
encontramos ahora a los nuevos pobres provenientes de las capas medias
pauperizadas o empobrecidas que pasan a engrosar las estadísticas de la
pobreza.
Para el caso del Gran Buenos Aires, que conforma el principal conglomerado
urbano del país, la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de
Estadística y Censos informa que para octubre pasado, más del 48% de la
población esta formado por “nuevos pobres” o personas empobrecidas que en
conjunto suman más de 5.8 millones de personas. Para todo el país la cantidad
de nuevos pobres es tres veces mayor que la que forman el grupo de los pobres
históricos o tradicionales. Las causas
estadísticamente más significativas del empobrecimiento de estos sectores son
la perdida de ingresos en el hogar por el impacto de la desocupación o por la
caída de los ingresos del trabajo por las rebajas salariales impuestas por los
programas de ajuste.
El impacto de estos programas ha profundizado la distribución negativa del
ingreso, ampliando la brecha que separa a los más tienen de los
necesitados. En Argentina el decil más alto
de ingresos se apodera del más del 57% del ingreso mientras que el decil más
bajo solo alcanza a recibir el 1.7%.
Particularmente durante los noventa el PIB creció algo más del 57% sin
embargo en ese mismo periodo la brecha entre pobres y ricos se incrementó en la
misma proporción es decir en cerca del 60%.
En la ciudad de Buenos Aires, el territorio más rico del país, no se
está fuera de esta tendencia. En los
noventa la desigualdad creció el 127% y junto con ella la precariedad laboral,
la desocupación y la pobreza.
¿Cabe alguna duda que este panorama es el resultado de las políticas de
ajuste que se han aplicado en forma sistemática durante todos estos años? Estos resultados muestran en forma
contundente que mientras algunos pocos han ganado, muchos, es decir la gran
mayoría, han perdido. Porque
simultáneamente con el incremento de la desocupación y la pobreza, nunca el
Producto Bruto Interno ha crecido tanto como estos años, se ha multiplicado
casi por tres. Es decir junto con el
incremento de la riqueza, nunca en Argentina ha crecido tanto la pobreza y han
habido tantos pobres. Nunca ha habido
una brecha tan grande entre los que más tienen y los que menos tienen. Nunca los que más tienen han sido tan pocos y
nunca tantos los que menos tienen.
Como lo hemos dicho muchas veces esta situación es el resultado directo de
las políticas de ajuste aplicadas en estos últimos tiempos. Es imposible pensar que después de 20 años de
aplicación sistemática de estos programas, podamos responsabilizar a las viejas
políticas de 20 años atrás de ser las causantes. Es evidente que 20 años de aplicación
sistemática de estas políticas tienen estos resultados. Las causas, entonces, hay que encontrarlas en
las políticas que se aplicaron en este último tiempo. Estos han tenido como ejes los que eran los
programas de ajuste, que son comunes a nuestros países: la privatización, la
desregulación total de los mercados, tanto internos como externos, que supone
la apertura comercial indiscriminada con el efecto inmediato de la quiebra de
pequeñas y medianas empresas que representaban el 74% de la mano de obra
ocupada. Esta quiebra de la pequeña y
mediana empresa tiene como efecto la elevada tasa de desempleo, y
simultáneamente, el incremento de la precariedad en el trabajo.
En estrecha vinculación con esta situación, la caída del ingreso de la
población marca de la mano con el incremento al desempleo. La baja en el ingreso, que se transforma hoy
en día en un obstáculo importante, está actuando en forma substantiva, no
solamente en la caída del consumo sino que en estos últimos tiempos aún en el
consumo de bienes esenciales. Los
indicadores económicos oficiales dan cuenta que en diciembre la caída del
consumo ha seguido profundizándose y hoy afecta también a los bienes esenciales
de la población, es decir a los alimentos.
La gente no tiene con qué comprar alimentos, y esta situación está dando
cuenta de la gravedad de la situación social que se vive actualmente. Sin embargo, se sigue planteando que la
salida pasa por seguir profundizando las políticas que dieron lugar a que estos
fenómenos se produjeran.
Por otra parte, la gravedad de la situación social del país se traduce
también en los indicadores que demuestran la caída de la calidad de la
educación pública y el deterioro de las condiciones de salud de la
población. Este deterioro se traduce en
el incremento de la mortalidad infantil, después que la Argentina ha sido
pionera en América Latina en haber alcanzado niveles de mortalidad infantil
comparables con los de los países desarrollados. A la fecha las nuevas causas de mortalidad y
de morbididad están directamente relacionadas con las causas clásicas de muerte
y enfermedad de los países de menor desarrollo y que en la Argentina se creían
superadas para siempre. Es decir, las
enfermedades contagiosas han vuelto a aparecer y fenómenos que parecían
superados para siempre, en términos de salud como las enfermedades endémicas,
porque son enfermedades de la pobreza, están nuevamente de vuelta y han vuelto
a ser parte del escenario de vida de los pobres.
La caída de la
educación, la calidad educativa, la caída de la salud, la caída en las
condiciones laborales, son los indicadores sociales más poderosos para dar
cuenta que se están configurando dos países.
O tal vez habría que decir un país con dos sociedades. Por un lado una sociedad que compone un
porcentaje limitado de la población y que
forma parte del
universo de la globalización. Por otra
parte otra sociedad compuesta por la mayoría de la población, que se encuentra
al margen de la globalización y sus ventajas.
Mientras que una parte menor de la población globalizada del país vive
en estándares que son propios del primer mundo, participa de los mismos códigos
de valores, creencias, consumos e ingresos que son propios del primer mundo,
otra gran mayoría de la población no solamente ya no está ni siquiera en el
segundo mundo, sino en el tercero y cuarto.
Es decir, es una sociedad que se dualiza profundamente, donde la pobreza
y los fenómenos de exclusión, los fenómenos de no poder volver más al mercado
de trabajo, de quedar fuera y por siempre, comienzan a plantearse seriamente.
Si en otros momentos el tema de desempleo era una situación coyuntural que
le pasaba un trabajador, que dejaba un empleo para pasar a otro -- la tasa
media de duración de desocupación era en Argentina en un momento determinado
como máximo de tres meses -- hoy día nos encontramos con el fenómeno del
desempleo de larga duración, del desempleo que lleva que los trabajadores
tengan una duración media de desocupación que cada día se incrementa. Esto esta indicando que quien sale del
mercado de trabajo es probable que no vuelva más. Por eso la masa de gente excluida de la
actividad económica, vía la exclusión del mercado laboral, comienza a ser un
nuevo fenómeno que en Argentina no conocíamos.
Frente a esto, ¿Qué alternativas se están planteando? Primero, hay un aspecto central que está dado
porque, mientras estos fenómenos se vienen dando, el país con la inestabilidad
económica está sujeto a lo que podía ser posiblemente una característica de la
economía de Argentina en forma de ajuste, el programa de convertibilidad, es
decir el anclaje del peso al dólar, por el cual un peso vale un dólar. Esta conversión se ha transformado en una
rueda de molino en la economía nacional, que hace muy difícil que pueda salirse
de lo que significa esta imposición. Si
en un momento determinado fue un mecanismo que se utilizó para estabilizar a la
economía, diez años después de su aplicación se ha transformado en un chaleco
de fuerza que impide buscar una salida que no suponga en última instancia salir
del programa de convertibilidad.
El programa de convertibilidad ha determinado que la economía Argentina
para funcionar necesita en forma recurrente y permanente del ingreso de
capitales externos. El año pasado, la
economía necesitó de 20 mil millones de dólares para poder funcionar, de
capital externo, un alto porcentaje fundamentalmente de deuda. En los cuatro últimos años, la deuda se ha
incrementado en 80 mil millones de dólares, y para seguir funcionando la
economía necesita seguirse endeudando.
Este año necesita 20 mil millones de dólares. En la medida que las retracciones de vía
económicas sigan profundizándose -- el año pasado la caída del Producto Interno
Bruto fue de 3.5% y no hay perspectivas de pensar que realmente se va a
recuperar de esta situación -- la única salida posible en este caso es el
ingreso de divisas generado por el incremento del comercio y de las
exportaciones, cosa que no parece posible en Argentina y no hay ningún analista
serio que plantee que esto pueda producirse.
El próximo año la proyección es que necesitaríamos 25 mil millones de
dólares. Es decir, la deuda sigue
creciendo como condición de base para que la economía funcione.
Pero esta deuda
está representando que simultáneamente para el país el 17% por ciento del
presupuesto nacional de este año se va exclusivamente en pagar los servicios de
la deuda. Para el próximo año el cálculo
llega al 20%. Es decir, estamos en una
situación perversa. El incremento de la
deuda se vuelve una necesidad vital para el funcionamiento de la economía, y a
su vez se va incrementando cada vez más en el porcentaje del presupuesto
público para el pago de intereses de la deuda.
Es una situación que no sabemos realmente a donde es que va a
parar. Todos los analistas serios
piensan que estamos en un camino que en algún momento va a estallar
seriamente. La búsqueda de salidas
supone, entre otros aspectos, encontrar cuáles son los caminos para enfrentarse
a estos dos fenómenos. Uno, cómo salir
de la convertibilidad sin que eso suponga una crisis generalizada, que
obviamente va a terminar afectando mas fuertemente a los sectores
populares. Simultáneamente, cómo salimos
de la brecha de la deuda, de este crecimiento indefinido de la deuda, que pasa
a ser la condición de base del funcionamiento de la economía en estos momentos.
Bueno, esto lleva a plantear aspectos de tipo estructural, que tiene que
ver fundamentalmente por la necesidad de reacondicionar el aparato productivo,
en principio para ser menos demandante de divisas como condición de
funcionamiento.
Ahora bien, cualquier intento de dinamizar la economía supone en última
instancia mejorar la capacidad del mercado interno para demandar
productos. Mejorar esta capacidad porque
todavía está retraído en su potencial, porque el consumo no solamente está
bajando día a día, sino que su tendencia es a agudizar mucho más esa
caída. Esto tiene que ver con la
desocupación, por un lado, y por otro lado la caída del ingreso, dos fenómenos
que tienen como efecto la caída del consumo.
Mejorar el consumo interno para estimular la demanda interna es ampliar,
por consiguiente, la capacidad del mercado interno de poder servir de sostén al
funcionamiento de la economía. Esta
aparece como la condición de base que hoy solamente la puede impulsar el
estado.
En la economía Argentina los únicos sectores que demandan internamente son
las pequeñas y medianas empresas; esas pequeñas y medianas empresas están
cegadas en su capacidad de ser dinamizadoras del mercado interno. Cualquier intento serio de políticas que
apunten a romper el ciclo perverso del mayor endeudamiento tiene que pasar necesariamente
por la administración del mercado interno, otorgando un papel más activo a la
demanda interna acompañadas de políticas de aliento a la pequeña y mediana
empresa. Estas medidas exigen fortalecer
la capacidad administrativa del Estado para establecer condiciones de
regulación efectiva para el control de los mercados y de la apertura
indiscriminada. Exigen favorecer la
pequeña y mediana empresa y facilitar el incremento en la capacidad de consumo
de la población a través de la mejora del empleo y los ingresos.
Estos son aspectos que van a lo crucial, a lo substantivo del sistema. No es una tarea fácil, supone un conjunto de
elementos a tomar en cuenta para que no se escape de las manos y pueda producir
un problema. La crisis “tango” que todavía
falta y que todos esperan que se produzca, se suma a esta crisis recurrente que
viene produciéndose en el conjunto de las economías latinoamericanas. Pero, sin duda estamos en una situación en la
cual aún hasta los de derecha saben que tienen que enfrentarla de inmediato,
porque la situación no aguanta más.
Después de algunos años de calma relativa, por el desconcierto de la población y el temor a desatar un nuevo
proceso hiperinflacionario, nuevamente la sociedad y sus organizaciones se han
vuelto a poner en movimiento para decirle basta al ajuste y exigir el cambio de
políticas.
En este mes de marzo, están anunciadas medidas de fuerza de las centrales
sindicales y se ha puesto en marcha el propósito de armar un frente social para
enfrentar al ajuste. En ese marco se
inscribe el ejercicio SAPRIN que se inicia en Argentina los últimos meses del
año pasado. Para estos fines se intenta
convocar al conjunto de fuerzas sociales, sindicales, empresariales,
religiosas, a un movimiento de la sociedad civil que pueda sumar esfuerzos y
voluntades para enfrentar las políticas de ajuste con políticas alternativas
que beneficien a las mayorías de la población y no solamente a las grandes
transnacionales.
Cada vez más la población se da cuenta claramente que los programas de
ajuste sólo benefician a unos pocos en desmedro de los más. Esa conciencia ha comenzado a movilizar a
grandes sectores sociales en la busca de caminos alternativos que conduzcan al
desarrollo -- un desarrollo en el cual se tome en cuenta la dignidad de la
gente y se recuperen valores que eran patrimonio del país a lo largo de su
historia, como son el bienestar social de la población y la posibilidad de
integración social y de oportunidades para todos.
Este es el trabajo en que estamos.
Hemos convocado a representantes de las fuerzas sociales y políticas más
representativas, estamos en el pleno proceso de elaboración de lo que sería una
plataforma programática que sistematice la propuesta para salir de la brecha a
la cual me refería antes. Los aspectos
centrales del cómo enfrentar una salida están claros. Lo que hay que buscar es el camino, la forma
y los tiempos para hacer que los sectores sociales tengan la responsabilidad
directa de poder llevar adelante un programa participativo, porque solo con la
participación real y comprometida de los sectores sociales es posible salir del
aprieto económico en el que nos encontramos.
Muchas gracias.