A Public Forum with Civil Society Leaders from
Latin America

Realities, Myths & Options:

The Impact of -- and Alternatives to -- World Bank & IMF Economic Policies in the Hemisphere

Tuesday, 18 April, 9:00am - 1:00pm 
Room 2128,
Rayburn House Office Building
U.S.
House of Representatives


Organized by The Development GAP and the Global Civil Society Network, SAPRIN

From Buenos Aires to Washington, citizens are protesting the structural adjustment policies that have been prescribed by the International Monetary Fund and the World Bank. The Bank's president, as well as other multilateral institutions, has lamented the profound poverty and inequality in the region that have accompanied these economic reforms. The U.N.'s Economic Commission for Latin America has said that no single macro-economic model can resolve the region's problems. And a U.S. Congressional commission has recommended that the powers of the Bank and Fund be radically scaled back. In this rapidly evolving context, trade unionists, small-business promoters, rural organizers, women's-rights advocates and economists are coming to Washington to present grassroots perspectives on the effects that these global institutions have had on their economies and societies. They will explain alternative economic approaches that can and should be taken to rebuild the productive capacity of their countries and the livelihoods of their citizens. And they will explain how they are involving hundreds of local and national organizations in constructing this foundation for economic progress.

SAPRIN is a 3,000-organization international network created in 1997 to engage the World Bank's president and governments on four continents in participatory assessments of the impact of structural adjustment policies. It has since expanded its activities, including an independent formulation of alternative policy proposals, to more than a dozen countries, including major emerging-market economies.

Please join an exceptional array of civil-society leaders from
Argentina, Brazil, Ecuador, El Salvador and Mexico in a morning full of discussion on the most pressing issue today in the hemisphere.

SAPRIN Secretariat c/o The Development GAP - 927 Fifteenth Street, NW , Washington, DC 20005 USA Tel: 202/898-1566 - Fax: 202/898-1612

E-Mail: secretariat@saprin.org - Web: http://www.saprin.org/ / http://www.developmentgap.org/

 

Jorge Carpio is an economist, sociologist, labor expert and Executive Director of IDEMI, an NGO that assists small and medium-sized enterprises in Argentina. He is the Coordinator of FOCO, the SAPRIN initiative in Argentina focused on the participatory development of a civil-society alternative to the country's economic adjustment program.

La Ponencia de Jorge Carpio, Coordinador de SAPRIN/Argentina (FOCO)
al Foro Pzblico de SAPRIN/Development GAP en Congreso de los EE.UU
sobre las Políticas Econsmicas
del Baqnco Mundial y del FMI

abril de 2000

 

 

Muchas gracias por estar con nosotros compartiendo las inquietudes que traemos sobre lo que pasa en los distintos países de nuestro continente con las políticas de ajuste que vienen aplicando el Banco Mundial y el Fondo Monetario en forma común desde hace muchos años.

 

Escuchar lo que comentaban los compañeros que me precedieron no hace más que confirmar que ha habido un único recetario de políticas aplicado en forma común y uniforme en los distintos países.  Como no podía ser de otra manera esa receta ha tenido y tiene efectos más o menos similares en todos nuestros países que se traducen en la grave situación social y económica que atraviesa el continente en su conjunto. 

 

Argentina no escapa esta situación, porque las políticas y las medidas aplicadas han sido la mismas, que las que hemos escuchado para otros países.  Por esa razón los efectos no podían ser distintos.  En ese sentido y tal como lo ha señalado el Luis Anderson y los compañeros que me han precedido en el uso de la palabra, esta política tiene ganadores y perdedores y en nuestro continente los principales perdedores han sido los trabajadores.

 

Para la Argentina, la aplicación del programa de ajuste significó instalar al país en camino socialmente regresivo destinado a liquidar todos los avances logrados después de más de medio siglo de luchas reivindicativas en beneficio del trabajo y de los sectores populares. En ese sentido, a diferencia de lo relatado por el compañero que me precedió para el caso de Bolivia -- el cual definió como un país pobre al cual el programa de ajuste ha empobrecido mucho más -- en el caso Argentino éramos un país con un determinado nivel de desarrollo, que nos colocaba entre los principales países de América Latina en términos de producto bruto interno y de los principales indicadores de bienestar colectivo, como la salud, la educación, la mortalidad infantil y otros similares que reflejaban la existencia de una sociedad con alto grado de integración y homogeneidad social.  Veinte años de aplicación sistemática de políticas de ajuste sucesivas, han transformado a este país, que estaba en camino al desarrollo, en un país que encuentra en camino de regreso al subdesarrollo.

 

Si comparamos algunos indicadores de este fenómeno entre las décadas del ochenta y del noventa podemos apreciar claramente lo que queremos decir con la regresividad que señalamos.  Para la década del ochenta la tasa de desempleo se mantuvo en promedio alrededor del seis por ciento.  Para el cierre del siglo, en 1999, está en más del 15% y con tendencia a mantenerse y subir.  En 1980 la pobreza alcanzaba al siete por ciento de la población; en 1999 los datos oficiales del Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente reconocen a un 37% de la población en situación de pobreza.  Desde el punto de vista ocupacional, habida cuenta la importancia del empleo en la situación de pobreza y las condiciones de vida de la población, las estadísticas demuestran que cerca del 60% de la población económicamente activa tienen problemas laborales de distinto orden, sea por desocupación abierta,  por subempleo, por trabajo informal, o por participar en el mercado de trabajo en los “empleos basura”, es decir, empleos precarios, de bajos ingresos y sin ningún tipo de cobertura.

 

La situación  que se ha impuesto a este país, como efecto del programa de ajuste y que se  traduce en los indicadores de pobreza, de desocupación, de caída de consumo, de caída del ingreso, refleja la nueva redistribución de la riqueza que alienta este tipo de políticas en perjuicio de las capas medias y los sectores populares.  Son esos sectores los más directamente afectados en sus derechos y conquistas sociales.  Particularmente las capas medias eran un elemento diferencial de la estructura social del país en comparación al resto de América Latina. 

 

En Argentina el proceso de industrialización por sustitución de importaciones que caracterizó la evolución social y económica del país desde las primeras décadas del siglo XX favoreció el crecimiento de una clase media importante, instalada en la industria, el comercio y los servicios que llegó a representar algo así como el 60% de la población del país.  A partir de los ochenta, la aplicación de los programas de ajuste orientados por el FMI y los bancos multilaterales han afectado en forma directa a este sector de la población dando origen al fenómeno de la “nueva pobreza” o de pauperización de las capas medias. Es decir quienes no eran pobres pasan a incorporarse al universo de los pobres.  Con ese fenómeno la pobreza crece y se diversifica en su composición.  Junto a los pobres históricos o estructurales, es decir los pobres de siempre, encontramos ahora a los nuevos pobres provenientes de las capas medias pauperizadas o empobrecidas que pasan a engrosar las estadísticas de la pobreza.

 

Para el caso del Gran Buenos Aires, que conforma el principal conglomerado urbano del país, la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos informa que para octubre pasado, más del 48% de la población esta formado por “nuevos pobres” o personas empobrecidas que en conjunto suman más de 5.8 millones de personas. Para todo el país la cantidad de nuevos pobres es tres veces mayor que la que forman el grupo de los pobres históricos o tradicionales.  Las causas estadísticamente más significativas del empobrecimiento de estos sectores son la perdida de ingresos en el hogar por el impacto de la desocupación o por la caída de los ingresos del trabajo por las rebajas salariales impuestas por los programas de ajuste.

 

El impacto de estos programas ha profundizado la distribución negativa del ingreso, ampliando la brecha que separa a los más tienen de los necesitados.  En Argentina el decil más alto de ingresos se apodera del más del 57% del ingreso mientras que el decil más bajo solo alcanza a recibir el 1.7%.  Particularmente durante los noventa el PIB creció algo más del 57% sin embargo en ese mismo periodo la brecha entre pobres y ricos se incrementó en la misma proporción es decir en cerca del 60%.  En la ciudad de Buenos Aires, el territorio más rico del país, no se está fuera de esta tendencia.  En los noventa la desigualdad creció el 127% y junto con ella la precariedad laboral, la desocupación y la pobreza.   

 

¿Cabe alguna duda que este panorama es el resultado de las políticas de ajuste que se han aplicado en forma sistemática durante todos estos años?  Estos resultados muestran en forma contundente que mientras algunos pocos han ganado, muchos, es decir la gran mayoría, han perdido.  Porque simultáneamente con el incremento de la desocupación y la pobreza, nunca el Producto Bruto Interno ha crecido tanto como estos años, se ha multiplicado casi por tres.  Es decir junto con el incremento de la riqueza, nunca en Argentina ha crecido tanto la pobreza y han habido tantos pobres.  Nunca ha habido una brecha tan grande entre los que más tienen y los que menos tienen.  Nunca los que más tienen han sido tan pocos y nunca tantos los que menos tienen.

 

Como lo hemos dicho muchas veces esta situación es el resultado directo de las políticas de ajuste aplicadas en estos últimos tiempos.  Es imposible pensar que después de 20 años de aplicación sistemática de estos programas, podamos responsabilizar a las viejas políticas de 20 años atrás de ser las causantes.  Es evidente que 20 años de aplicación sistemática de estas políticas tienen estos resultados.  Las causas, entonces, hay que encontrarlas en las políticas que se aplicaron en este último tiempo.  Estos han tenido como ejes los que eran los programas de ajuste, que son comunes a nuestros países: la privatización, la desregulación total de los mercados, tanto internos como externos, que supone la apertura comercial indiscriminada con el efecto inmediato de la quiebra de pequeñas y medianas empresas que representaban el 74% de la mano de obra ocupada.  Esta quiebra de la pequeña y mediana empresa tiene como efecto la elevada tasa de desempleo, y simultáneamente, el incremento de la precariedad en el trabajo.

 

En estrecha vinculación con esta situación, la caída del ingreso de la población marca de la mano con el incremento al desempleo.  La baja en el ingreso, que se transforma hoy en día en un obstáculo importante, está actuando en forma substantiva, no solamente en la caída del consumo sino que en estos últimos tiempos aún en el consumo de bienes esenciales.  Los indicadores económicos oficiales dan cuenta que en diciembre la caída del consumo ha seguido profundizándose y hoy afecta también a los bienes esenciales de la población, es decir a los alimentos.  La gente no tiene con qué comprar alimentos, y esta situación está dando cuenta de la gravedad de la situación social que se vive actualmente.  Sin embargo, se sigue planteando que la salida pasa por seguir profundizando las políticas que dieron lugar a que estos fenómenos se produjeran.

 

Por otra parte, la gravedad de la situación social del país se traduce también en los indicadores que demuestran la caída de la calidad de la educación pública y el deterioro de las condiciones de salud de la población.  Este deterioro se traduce en el incremento de la mortalidad infantil, después que la Argentina ha sido pionera en América Latina en haber alcanzado niveles de mortalidad infantil comparables con los de los países desarrollados.  A la fecha las nuevas causas de mortalidad y de morbididad están directamente relacionadas con las causas clásicas de muerte y enfermedad de los países de menor desarrollo y que en la Argentina se creían superadas para siempre.  Es decir, las enfermedades contagiosas han vuelto a aparecer y fenómenos que parecían superados para siempre, en términos de salud como las enfermedades endémicas, porque son enfermedades de la pobreza, están nuevamente de vuelta y han vuelto a ser parte del escenario de vida de los pobres.

 

La caída de la educación, la calidad educativa, la caída de la salud, la caída en las condiciones laborales, son los indicadores sociales más poderosos para dar cuenta que se están configurando dos países.  O tal vez habría que decir un país con dos sociedades.  Por un lado una sociedad que compone un porcentaje limitado de la población y que

forma parte del universo de la globalización.  Por otra parte otra sociedad compuesta por la mayoría de la población, que se encuentra al margen de la globalización y sus ventajas.  Mientras que una parte menor de la población globalizada del país vive en estándares que son propios del primer mundo, participa de los mismos códigos de valores, creencias, consumos e ingresos que son propios del primer mundo, otra gran mayoría de la población no solamente ya no está ni siquiera en el segundo mundo, sino en el tercero y cuarto.  Es decir, es una sociedad que se dualiza profundamente, donde la pobreza y los fenómenos de exclusión, los fenómenos de no poder volver más al mercado de trabajo, de quedar fuera y por siempre, comienzan a plantearse seriamente.

 

Si en otros momentos el tema de desempleo era una situación coyuntural que le pasaba un trabajador, que dejaba un empleo para pasar a otro -- la tasa media de duración de desocupación era en Argentina en un momento determinado como máximo de tres meses -- hoy día nos encontramos con el fenómeno del desempleo de larga duración, del desempleo que lleva que los trabajadores tengan una duración media de desocupación que cada día se incrementa.  Esto esta indicando que quien sale del mercado de trabajo es probable que no vuelva más.  Por eso la masa de gente excluida de la actividad económica, vía la exclusión del mercado laboral, comienza a ser un nuevo fenómeno que en Argentina no conocíamos.

 

Frente a esto, ¿Qué alternativas se están planteando?  Primero, hay un aspecto central que está dado porque, mientras estos fenómenos se vienen dando, el país con la inestabilidad económica está sujeto a lo que podía ser posiblemente una característica de la economía de Argentina en forma de ajuste, el programa de convertibilidad, es decir el anclaje del peso al dólar, por el cual un peso vale un dólar.  Esta conversión se ha transformado en una rueda de molino en la economía nacional, que hace muy difícil que pueda salirse de lo que significa esta imposición.  Si en un momento determinado fue un mecanismo que se utilizó para estabilizar a la economía, diez años después de su aplicación se ha transformado en un chaleco de fuerza que impide buscar una salida que no suponga en última instancia salir del programa de convertibilidad.

 

El programa de convertibilidad ha determinado que la economía Argentina para funcionar necesita en forma recurrente y permanente del ingreso de capitales externos.  El año pasado, la economía necesitó de 20 mil millones de dólares para poder funcionar, de capital externo, un alto porcentaje fundamentalmente de deuda.  En los cuatro últimos años, la deuda se ha incrementado en 80 mil millones de dólares, y para seguir funcionando la economía necesita seguirse endeudando.  Este año necesita 20 mil millones de dólares.  En la medida que las retracciones de vía económicas sigan profundizándose -- el año pasado la caída del Producto Interno Bruto fue de 3.5% y no hay perspectivas de pensar que realmente se va a recuperar de esta situación -- la única salida posible en este caso es el ingreso de divisas generado por el incremento del comercio y de las exportaciones, cosa que no parece posible en Argentina y no hay ningún analista serio que plantee que esto pueda producirse.  El próximo año la proyección es que necesitaríamos 25 mil millones de dólares.  Es decir, la deuda sigue creciendo como condición de base para que la economía funcione.

 

Pero esta deuda está representando que simultáneamente para el país el 17% por ciento del presupuesto nacional de este año se va exclusivamente en pagar los servicios de la deuda.  Para el próximo año el cálculo llega al 20%.  Es decir, estamos en una situación perversa.  El incremento de la deuda se vuelve una necesidad vital para el funcionamiento de la economía, y a su vez se va incrementando cada vez más en el porcentaje del presupuesto público para el pago de intereses de la deuda.  Es una situación que no sabemos realmente a donde es que va a parar.  Todos los analistas serios piensan que estamos en un camino que en algún momento va a estallar seriamente.  La búsqueda de salidas supone, entre otros aspectos, encontrar cuáles son los caminos para enfrentarse a estos dos fenómenos.  Uno, cómo salir de la convertibilidad sin que eso suponga una crisis generalizada, que obviamente va a terminar afectando mas fuertemente a los sectores populares.  Simultáneamente, cómo salimos de la brecha de la deuda, de este crecimiento indefinido de la deuda, que pasa a ser la condición de base del funcionamiento de la economía en estos momentos. 

 

Bueno, esto lleva a plantear aspectos de tipo estructural, que tiene que ver fundamentalmente por la necesidad de reacondicionar el aparato productivo, en principio para ser menos demandante de divisas como condición de funcionamiento.

 

Ahora bien, cualquier intento de dinamizar la economía supone en última instancia mejorar la capacidad del mercado interno para demandar productos.  Mejorar esta capacidad porque todavía está retraído en su potencial, porque el consumo no solamente está bajando día a día, sino que su tendencia es a agudizar mucho más esa caída.  Esto tiene que ver con la desocupación, por un lado, y por otro lado la caída del ingreso, dos fenómenos que tienen como efecto la caída del consumo.  Mejorar el consumo interno para estimular la demanda interna es ampliar, por consiguiente, la capacidad del mercado interno de poder servir de sostén al funcionamiento de la economía.  Esta aparece como la condición de base que hoy solamente la puede impulsar el estado.

 

En la economía Argentina los únicos sectores que demandan internamente son las pequeñas y medianas empresas; esas pequeñas y medianas empresas están cegadas en su capacidad de ser dinamizadoras del mercado interno.  Cualquier intento serio de políticas que apunten a romper el ciclo perverso del mayor endeudamiento tiene que pasar necesariamente por la administración del mercado interno, otorgando un papel más activo a la demanda interna acompañadas de políticas de aliento a la pequeña y mediana empresa.  Estas medidas exigen fortalecer la capacidad administrativa del Estado para establecer condiciones de regulación efectiva para el control de los mercados y de la apertura indiscriminada.  Exigen favorecer la pequeña y mediana empresa y facilitar el incremento en la capacidad de consumo de la población a través de la mejora del empleo y los ingresos. 

 

Estos son aspectos que van a lo crucial, a lo substantivo del sistema.  No es una tarea fácil, supone un conjunto de elementos a tomar en cuenta para que no se escape de las manos y pueda producir un problema.  La crisis “tango” que todavía falta y que todos esperan que se produzca, se suma a esta crisis recurrente que viene produciéndose en el conjunto de las economías latinoamericanas.  Pero, sin duda estamos en una situación en la cual aún hasta los de derecha saben que tienen que enfrentarla de inmediato, porque la situación no aguanta más.

 

Después de algunos años de calma relativa, por el desconcierto  de la población y el temor a desatar un nuevo proceso hiperinflacionario, nuevamente la sociedad y sus organizaciones se han vuelto a poner en movimiento para decirle basta al ajuste y exigir el cambio de políticas.   

 

En este mes de marzo, están anunciadas medidas de fuerza de las centrales sindicales y se ha puesto en marcha el propósito de armar un frente social para enfrentar al ajuste.  En ese marco se inscribe el ejercicio SAPRIN que se inicia en Argentina los últimos meses del año pasado.  Para estos fines se intenta convocar al conjunto de fuerzas sociales, sindicales, empresariales, religiosas, a un movimiento de la sociedad civil que pueda sumar esfuerzos y voluntades para enfrentar las políticas de ajuste con políticas alternativas que beneficien a las mayorías de la población y no solamente a las grandes transnacionales.

 

Cada vez más la población se da cuenta claramente que los programas de ajuste sólo benefician a unos pocos en desmedro de los más.  Esa conciencia ha comenzado a movilizar a grandes sectores sociales en la busca de caminos alternativos que conduzcan al desarrollo -- un desarrollo en el cual se tome en cuenta la dignidad de la gente y se recuperen valores que eran patrimonio del país a lo largo de su historia, como son el bienestar social de la población y la posibilidad de integración social y de oportunidades para todos.

 

Este es el trabajo en que estamos.  Hemos convocado a representantes de las fuerzas sociales y políticas más representativas, estamos en el pleno proceso de elaboración de lo que sería una plataforma programática que sistematice la propuesta para salir de la brecha a la cual me refería antes.  Los aspectos centrales del cómo enfrentar una salida están claros.  Lo que hay que buscar es el camino, la forma y los tiempos para hacer que los sectores sociales tengan la responsabilidad directa de poder llevar adelante un programa participativo, porque solo con la participación real y comprometida de los sectores sociales es posible salir del aprieto económico en el que nos encontramos.  Muchas gracias.